Boletín No.18, 31 de Enero
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Soy un hijo agraciado
Gen. 6:8 "Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová"
Me he preguntado ¿qué vió Dios en Noé? ¿Tal vez lo que hacía? ¿Lo que sentía? ¿Sus acciones para con sus semejantes? No sé. Pero cualquier cosa que fuera, ciertamente no fue por ninguna de las anteriores razones o por cualquier otra que podamos señalar.
Mas ciertamente un atributo rescatable sí tenía: Noé era un "varón justo", "perfecto en sus generaciones" (Gen. 6:9). Aún así no era suficiente para ser justificado delante de Dios, el mismo Señor nos retrata por su profeta al decirnos:
Isa. 64:6 "Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia;..."
Y aún así, Noé halló gracia delante de Dios. Casi seguramente ninguno de nosotros podría igualarse con los atributos positivos de Noé. Y muy seguramente, las palabras del profeta relatan de manera perfecta nuestras acciones y quehacer diario.
Y aún así, mi Dios me miró con gracia, ¿Qué vió el Señor en mí? Nada bueno seguramente. ¿Qué miró en tí? Nada bueno seguramente. Y aún así, nuestro Dios nos miró con gracia. Por un momento hizo a un lado su justicia y nuestro merecido castigo y condenación, para vernos con ojos de misericordia, y durante ese momento uno de sus mensajeros vino y nos habló del Cristo, de su sacrificio, de su resurrección, de su estado de glorificación y de su regreso.
Y fue en ese momento en que la gracia de nuestro Señor se hizo efectiva en nosotros. Fue en ese instante en que sus ojos de misericordia llenaron nuestro corazón de la fé necesaria para crecer y fue en ese momento en que la gracia se hizo permanente en nosotros cuando:
"...habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en Él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa" (Ef. 1:13)
¡Señor, se que no había nada bueno en mi, pero te alabo ahora y siempre porque me convertiste, para tí, en un hijo agraciado!




